La unión de la familia no se mide por el número de miembros, sino por la unión que hay en ellos. La presencia de los padres en el hogar es fundamental, pero esta presencia física y emocional no es suficiente si no se concibe como una incorporación plena en la dinámica familiar. Quiere decir, involucrarse en las tareas y responsabilidades que supone la convivencia de familia, una unión real, junto con la madre, en la crianza, educación, disciplina y transmisión de valores hacia los hijos e hijas, al igual que en el otorgamiento de afecto, cuidado y seguridad hacia los mismos. Para un padre, no puede existir mayor satisfacción que compartir lo cotidiano, pensamientos, comunicación, inquietudes e ilusiones con los hijos e hijas. La posibilidad de diálogo con ellos y ellas se convierte en la más hermosa y edificante experiencia.

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